También existen presentes necesidades y cualidades que impulsan el desarrollo planetario, es así que en el estado evolutivo actual la razón humana ya es totalizante y su poder expansivo induce a conocer racionalmente la verdad por completo, somos nosotros los que debemos experimentar, usar y presentar a la meditación, como herramienta de investigación científica.

Nuestra actual sociedad planetaria se desarrolle diariamente en un débil reflejo inicial de la realidad que espera a la humanidad en el futuro; si a ello logramos agregar la meditación como instrumento de trabajo espiritual y místico, entonces la divinidad se manifestará en la humanidad, haciendo de nosotros una gran familia planetaria en paz y armonía con la naturaleza y con otros colectivos humanos.

Cada padre de familia, profesor o maestro debe tener plena conciencia de lo trascendental de su misión y tener conocimiento de lo importante y útil que sería la meditación para la misma, para solucionar problemas en todos los ámbitos y dimensiones de la realidad tanto de la cultura, familia, solucionando simultáneamente problemas de tipo espiritual, psicológico, de salud, de resistencia al cambio (autotransformativos), y de ampliación de la conciencia en busca de la identificación de su propio ser y de su misión como ser individual y social (trascendental); debemos usar a la meditación para ingresar a las profundidades de nuestro ser.

Dicha necesidad y exigencia, también significa abandonar y trascender un concepto aparentemente fuerte, pues el solo implica dimensiones como personalidad, conductas y valores, conocimientos y habilidades en un proceso que solo lleva a una clara domesticación.

Cada cultura o pueblo le da su propia significación a un concepto que lleve a consolidar sus propios intereses, abandonando un proyecto planetario de sociedad que trascienda los mismos.

Todo lo anterior nos lleva a la obligación de replantear el estudio del fenómeno autotransformativo, comenzando por reentender al hombre, teniendo como instrumento fundamental la meditación, cuyo núcleo sea el trabajo sobre la evolución espiritual.

Podemos redefinir al hombre como la expresión máxima del universo y de la naturaleza en nuestro planeta, concibiéndolo como una unidad espiritual y de energía organizada, cuyas cualidades básicas son el pensamiento, sentimiento, en cuya configuración, reconfiguración y direccionamiento de las cualidades restantes, intervienen fuerzas y principios superiores o divinos; con un proyecto de vida de evolucionar y avanzar en sus niveles de conciencia, para religarse a l’Absoluto y construir individual y colectivamente el contexto de armonía, paz y felicidad de la humanidad dentro del concepto de hogar planetario.
 
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