Me hicieron recordar que en estos mundos no existen sacrificios, mitos, prototipos ni salvadores, porque como ya lo dije se nutren de la esencia de aquello que no tiene forma ni nombre y que todos vibran al unísono, cumpliendo su infinita voluntad, movilizándose por todo el espacio etéreo, espiritual y cósmico, sin ser interferidos por ningún elemento material, atómico o de algunos mundos constituidos material, tecnológica y mentalmente más avanzados en millones de años que el planeta tierra, pero que siguen siendo inferiores por no llegar al control consciente del cuerpo y de la mente, en comparación con los seres ya mencionados que no tienen necesidad de sistemas y galaxias desconocidas para la humanidad terrestre y otras humanidades, pero que algún día alcanzaran por la ley mutable del progreso, condiciones a nivel de estos mundos superiores que utilizan una energía diferente a la que conocemos, pero que se deriva del único fluido cósmico universal, instrumento preservador y destructor en la economía divina.
Al terminar la narración, el hombrecillo me exhorto a que asimilara esto para analizar la confusión que producía la mezcla de los extremos, teniendo prioridad la mística y que no estando bien centrado no había coherencia, por el proceso de formación física, mental y psicológica de mi edad; pero a medida que iba entendiendo y comprendiendo, se apoderó de mí una fuerza que me suspendía por encima del suelo y una luz dorada me daba felicidad y tranquilidad física y mental, que fue adormeciéndome.
Así estuve girando en el centro de un circulo situado en un inmenso desierto de luz dorada, perdiendo la sensación de mi cuerpo y de lo que rodeaba, no sé por cuanto tiempo. Al volver nuevamente a la vida, porque así lo pensé, me encontraba rodeado de los burros y algunas cabras que se empinaban por comer frutos preñados del algarrobo, mi cuerpo estaba laxado y pesado, y por más esfuerzos que hice por reincorporarme, no lo logré, pero a medida que pasaban los minutos sentí un impulso de ponerme con los brazos en cruz.
Con esfuerzo, intuyendo que lo hacía para cerrar el circuito electromagnético de mi cuerpo, ya no formaba parte del TODO consciente (cuerpo, mente y espíritu) lentamente, a medida que me llamaba por mi nombre, me decían que me controlara, que todo iba a pasar y en efecto, todo pasó.
Logrando pararme y sintiéndome satisfecho como ganado una batalla, saliendo victorioso. Tome las riendas del burro me dirigí al río; llené los tinajones de barro cocido y con el agua volví tranquilamente, serenamente a mi choza de quincha y barro, dejando el burro amarrado al corral. Desde ese momento ya no tuve miedo. Sentía como si algo dentro y fuera de mí me protegía y regulaba mis emociones y sentimientos ya no me preocupaba de cosas que antes me hacían sufrir, como si hubiera liberado.
Opté por tomar la vida como viniera. Total sabía que algo dentro de mí no moriría ! , que algún día estaría dentro de aquello para siempre.Empecé a disfrutar de la compañía de los churres, pensando que ellos tendrían sus cosas como yo y que no lo demostraban, gozando del ambiente, de la naturaleza,en las dunas del desierto, y que en medio de la miseria, buscaban la felicidad en el juego con la esperanza secreta de que todo cambiaría, a medida que creciéramos y fuéramos adultos.
Con esto no quiero decir que mis sentimientos y emociones eran afines a los de los churres o de los de mi familia; sino que sentía ser el espectador, comprendiendo el desarrollo de mi naturaleza y la de los demás decidí mezclarme en sus vidas tratando de comunicarles mi amistad.
También trataba de comunicarles mi verdad, con la voz del silencio, ya que mi vida oscilaría, posteriormente a medida que pasara el tiempo, dentro y fuera de este pueblito llamado "EL TAMARINDO"
